Shivers


David Cronenberg ya tenía un largo historial de peliculillas antes de filmar Shivers, la cual se convertiría en su primer gran trabajo respaldado por un estudio que facilitó la producción y le brindó al canadiense toda la libertad posible para hacer una película de terror totalmente fuera de lo acostumbrado en los setenta, que por cierto, sería la cinta que le daría renombre en el género de terror, abriendo un sangriento y turbio camino.

Un científico (para variar) busca reemplazar órganos humanos infectados o enfermos, con parásitos creados en laboratorio. Teóricamente el ser se albergaría en el huésped tomando el lugar del órgano enfermo permitiendo que el sistema continúe funcionando. Sin embargo, dichas criaturas no son del todo benévolas y causan terribles efectos secundarios en los huéspedes.

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La acción toma lugar en un complejo de apartamentos, donde uno de los inquilinos ha sido tratado con la terapia parasitaria. Nicholas alberga en su interior a los parásitos que buscan propagarse entre los residentes y se multiplican en sus entrañas listos para emerger. El caos no tardará en desatarse, a pesar de los intentos de otros médicos por detener la propagación al menos dentro de los departamentos.

Recuerdo que en la película describen a los parásitos como “una mezcla entre enfermedad venérea y afrodisíaco” como si fuera una metáfora al sexo, puede ser un arma de doble filo; placentero pero al mismo tiempo contagioso, aunque en los setenta aún no existía el problema del VIH y demás enfermedades que se han puesto de moda.

Los parásitos tienen una forma peculiar y poco sutil de penetrar un huésped humano; lo hacen a través de la boca o de cualquier otro orificio posible (la memorable escena en la tina). Eventualmente la víctima tarda en asimilar el ser a su sistema, pero una vez que te controla, despierta una inexplicable ansia sexual hacia cualquier otra persona, en escenas podemos observar gente “contagiada” tratando de abusar sexualmente de sus congéneres, arrancándoles la ropa y arrojándose sobre ellos, contagiándolos con un beso (traslado de parásito de boca a boca) algo sutil comparado con la violencia de la película.

Creo que el factor de un ataque sexual, le da a Shivers un aspecto más terrorífico, ya que el miedo se puede personificar de muchas formas físicas, pero el ataque sexual implica algo íntimo y profundo, es violación al cuerpo propio, uno de los miedos más presentes en la sociedad, el miedo al sexo (o al menos en esa época).
Cronenberg hace uso de explicitas escenas para desgarrar el velo del terror convencional. En ninguna otra película he visto algo parecido, los atacantes corren excitados en busca de alguien con quien saciar sus urgencias sexuales, algo así como los zombies de Romero, pero en vez de ser antropófagos necesitan contacto sexual, demencial y violentamente.

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Cronenberg trata temas parecidos como epidemia, contagio y necesidades primordiales en Rabid y The Brood, también llenas de sexualidad y mucha sangre. En estas películas el mal es algo dentro de cada persona. Algo que a final de cuentas es parte de ti y por lo tanto puedes o no controlar, sin embargo es algo instintivo, entonces tus probabilidades de ganar son mínimas y al final eres sumiso a tus instintos (violencia, sexo, etc.) por lo tanto no hay escapatoria, PERO…  esta naturaleza es completamente humana y patológica.

Se dice que Cronenberg muestra los miedos que no queremos ver, por eso su cine es tan inquietante, por eso es un genio al plasmar algo intangible en la pantalla. Este tipo de características son exclusivas del autor (pues no lo he visto en nadie más) es algo así como la marca personal que deja en cada uno de sus films, por eso mismo se ha convertido en un controversial director (aparte de ser original, extrovertido y creativo).

El hecho de que la historia se desarrolle en un lujoso complejo de apartamentos, tal vez pueda referirse a la falta de privacidad que se interpone con la abertura sexual sufrida por los residentes (incluso hay escenas de orgías para los morbosos). En los departamentos tienes todo a la mano, de cierta forma te vuelves un autómata que va alejándose de su intimidad y sus sentidos naturales.

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Dejando de profundizar y buscar significados que tal vez ni existen, las actuaciones son favorables a la historia, recordemos que esta no es una película muy complicada en cuanto a la trama, entonces los actores hacen un buen desempeño llevando la historia con naturalidad. La sangre se ve muy bien ¡¡¡los parásitos parecen REALES!!! Son rojos, viscosos y se mueven de una forma orgánica bastante aceptable.

En conclusión, Shivers es una de esas películas sin tabúes. Al parecer las producciones canadienses tenían menos restricciones que las gringas y aunque la crítica de aquel entonces no la acogió con cariño, hoy es otro de tantos clásicos de la nueva carne.
Me atrevo a escribir que Shivers anticipa otras películas de zombies, al igual que toma elementos de Night of the Living Dead para crear atmósferas donde el espectador piensa “ya valió madres”. A pesar de que transcurre algo lento te atrapa poco a poco hasta que no tienes alternativa más que afrontar las consecuencias, abrir la boca y dejar que un bicho se apodere no sólo de tu sistema, sino de tu voluntad.

4 comentarios to “Shivers”

  1. hola sos estas rrebuena

  2. Anónimo Says:

    muy loca, mejoraria si fuera xxx

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