The Stepford Wives


Escrito por: Sally Polanski

Los primeros frutos reales del movimiento feminista se dieron con fuerza a mediados de la década de los sesenta. No sólo se consiguió un avance en la liberación de la mujer a través de la vestimenta, con esas cortas y sensuales minifaldas, el uso de los hoy comunes, jeans, los cuales en esa época eran exclusivos de los caballeros o la forma de caminar, la cual era mucho más desinhibida y mostraba algo que a las mujeres les faltaba en los cincuenta: seguridad. Los cuerpos de los sesenta también eran una maravilla: mujeres saludables, con caderas grandes y cinturas pequeñas, senos libres sin cirugías, y piernas torneadas: sin duda una de las mejores décadas en la historia de la humanidad.

Sin embargo, la mayor liberación femenina de la época radicó en el perfeccionamiento y uso de métodos anticonceptivos como el condón y el DIU (Dispositivo Intrauterino), y por supuesto, la llegada (aunque de manera muy cargada) de la pastilla anticonceptiva. Estos métodos permitieron a las mujeres una vida sexual plena, sobre todo en un tiempo donde no existían enfermedades como el SIDA. Además de estos cambios, podemos sumar el trabajo de jóvenes estudiantes, quienes influenciadas por autoras como Simone de Beauvior, trabajaron para crear una conciencia sobre el rol de la mujer en la sociedad, y su búsqueda de libertad, esfuerzo que se vio reflejado en los movimientos a finales de los sesenta, como el trágico recuerdo de 1968, aquí en México.

Si las mujeres de los sesenta dieron la pauta para la liberación femenina, las mujeres de los setenta disfrutaron en gran medida de este tipo de logros. Con el declive del pensamiento hippie, no se terminó la ideología de paz y amor para las damas. Al contrario, muchas mujeres, quienes no llegaban a los cuarenta, casadas y con hijos, se negaron a permanecer como esclavas de tareas domésticas, por lo cual buscaron empleos y el sobresalir al igual que sus maridos. Sin embargo a pesar de los logros, la mayoría de los hombres seguía considerando que una mujer debía estar en la casa, hacerse cargo de los niños, la cocina, del marido, en fin, seguir siendo un ama de casa.

¿Los hombres deseaban a otra mujer? ¿Por qué esta parte de la liberación femenina no había funcionado para ellos? ¿Si hubieran podido cambiar a sus nuevas “esposas rebeldes” por perfectas “damas domésticas”, lo habrían hecho? Ese es el planteamiento central de la cinta de Bryan Forbes, The Stepford Wives (de 1975, no confundir con la versión protagonizada por Nicole Kidman, la cual no merece nuestra atención), película en la cual, a través de la novela del recientemente fallecido, Ira Levin (quien también nos brindara el libro que le serviría a Roman Polanski para crear su clásico Rosemary´s Baby, de 1968), nos damos cuenta que tal vez los hombres de los setenta, no estaban nada satisfechos con las mujeres liberadas sexualmente y con ganas de trabajar, simplemente preferían el molde de mujer cincuentera, la cual usaba faldas largas, vestidos floreados, y siempre un delantal al frente con el logotipo de: “Kiss The Cook“. Cierto o falso, el filme lo plantea bastante bien, y puede dejar a cualquier mujer en la actualidad: helada. 

La sinopsis es sencilla: la guapa e inteligente aspirante a fotógrafa, Joanna Eberhart (interpretada por el amor de Dustin Hoffman en The Graduate, Katherine Ross), se muda a petición de su esposo, Walter, al tranquilo y bello pueblo de Stepford. Desde el inicio Joanna notará que todas las mujeres se comportan de manera muy extraña: siempre están arregladas, nunca se quejan, no opinan sobre ningún tema que no sea cómo quitar manchas, el arreglo de la casa y recetas de cocina. Al sentimiento de Joanna, se unirá Bobbie Markowe, quien también llegó al lugar por deseo de su marido, ambas se aliarán para intentar cambiar el pensamiento de las mujeres y unirse en contra de la extraña “Asociación de Hombres de Stepford“, de la cual sus dos esposos son miembros.

Conforme avanza la cinta, las dos mujeres se darán cuenta de que ninguna mujer pactará con ellas, al contrario, todas las rechazarán, de la misma forma que el esposo de Joanna, se comportará cada vez más extraño, y el cambio en una de sus aliadas, Charmaine, se hará notable, ya que pasará de ser una mujer amante del tenis y dedicada a burlarse de su marido, a una señora como todas las demás en Stepford, con vestido blanco, largo, y amante de las tareas domésticas, además de que destruirá su bella cancha de tenis. Joanna y Bobbie, comenzarán a desesperarse, incluso a pensar que han enloquecido, no ven ninguna respuesta y pierden cualquier tipo de esperanza, sin saber que se enfrentan a un problema, mucho peor, de lo que pudieron imaginarse.

The Stepford Wives, fue muy criticada en su época, se le consideró lenta, aburrida, y totalmente falsa, es decir ¿cómo es posible que en lo setenta se crea que los hombres harían algo así a sus esposas? Sin embargo, como mujer, la película te deja fría. Es decir, Joanna es una mujer inteligente, ama a sus dos hijas, es muy guapa, es amorosa con su esposo, ¿por qué éste querría cambiarla? Es muy doloroso pensar que el hombre que dice amarte, quien antes de dormir te susurra al oído: me encanta todo de ti, nunca te cambiaría nada, fuera el mismo hombre que se acercara a una sociedad machista, para crear un modelo igual a ti, sólo que…perfecto.

El retrato que logra Ross, de Joanna, es uno de los mejores hechos en películas de los setenta, por encima de trabajos más convencionales como los de Jane Fonda o Meryl Streep. Su interpretación es muy inteligente, es una mujer modelo, lo cual hace más horrible aún imaginar como su esposo desea cambiarla. La forma en la cual está manejado el relato, es tan frívolo como las mujeres de Stepford: llegas al lugar, tu marido entra a la extraña asociación, alguien dibuja tu rostro, pero arreglado, te hacen grabar una lista de las palabras y lugares donde has estado, y… el resultado es espeluznante.

El filme contiene grandes momentos de terror, dignos de recordarse: como cuando una de las Stepford favoritas ha sufrido una avería y exclama repetidamente en una fiesta: Moriré si no consigo esta receta. O cuando Joanna y Bobbie se dan cuenta del cambio en Charmaine, y vemos como su cancha de tenis es destrozada. O en la recta final, cuando Bobbie ha cambiado y se enfrenta a Joanna: Cuando me corto, sangro, exclama una desperada Joanna, antes de clavar un cuchillo en el vientre de Bobbie, quien simplemente prorrumpirá: Joanna, ¡mi nuevo vestido! ¿Cómo pudiste hacer algo así? Yo te iba a hacer un café, creí que éramos amigas, frase que repite y repite, mientras Joanna se da cuenta de lo peor, las mujeres de Stepford son ¡Robots!

Sin lugar a dudas, se trata de una gran película, quizá cuyo mayor defecto, sea no mostrar tantos detalles sobre la creación de los robots. Pero las actuaciones convincentes y momentos que en verdad provocan miedo, dejan esos detalles de lado, sobre todo por ese amargo sabor de boca que queda al final. Hoy, en un mundo donde como mujeres, creemos que la lucha por el feminismo se ha acabado y la independencia laboral de nosotras ante los hombres se ha logrado, vale la pena echar un vistazo a esta gran y poco valorada cinta de los setenta, aunque al final, como yo, quedemos paralizadas.

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