The Wicker Man


El cine de terror inglés siempre ha sido tema de conversación y sorpresa debido a los ricos temas que aborda. Desde las épocas de lo mítica Hammer, los ingleses han ido renovando poco a poco sus raíces y costumbres para crear historias de terror que sobresalgan en la marea de la industria internacional. Podríamos nombrar un sin fin de películas góticas, de fantasmas, vampiros, misterio, thriller y hasta ciencia ficción. Pero existe una película que sobresale por su originalidad y concepto tan simple y bien logrado de lo fantástico. Una mezcla ingeniosa de temas religiosos, morales, existenciales y un poco de suspenso, misterio y terror. Una joya inclasificable.

The Wicker Man es una película maravillosa y llena de sorpresas que pueden parecer inocentes pero tienen algo amenazador. Fue escrita por Anthony Shaffer, guionista de dos películas inglesas de alto calibre Frenzy y Sleuth ambas de 1972. El director es un tal Robin Hardy quien aparentemente solo es responsable de este film y otro llamado The Fantasist de 1986 (qué pena). Se estrena en 1973 con un éxito moderado y algunas premiaciones, pero como en muchos casos, el paso del tiempo es el verdadero encargado de revalorar y restaurar clásicos que no brillaron en su época, pero ahora se consideran de culto.

Neil Howie, es un Sargento de policía que recibe una carta anónima donde le informan de la desaparición de una niña en una isla escocesa. El Sargento viaja a Summerisle para llevar a cabo su labor, pues es un hombre firme y honesto que cumple con su trabajo al pie de la letra. Sin embargo, al arribar se da cuenta que la gente local no es de mucha ayuda en la búsqueda de la niña y rápidamente llega a la conclusión de que la población guarda un terrible secreto que concierne a la misteriosa desaparición. Las extrañas costumbres de los lugareños pondrán al Sargento en un dilema y al mismo tiempo lo envolverán en un misterio.

La trama parte de la introducción del Sargento Howie a su arribo a la isla de Summerisle donde lleva a cabo su investigación sin perder tiempo. Pronto irá conociendo a los habitantes de la isla que mantienen una especie de culto a la naturaleza y son “guiados” por el señor de la isla. Sus prácticas irán desesperando al Sargento que no tardará en llamar “paganos” a los isleños. Poco a poco empezamos a entrar en un debate entre lo cristiano y lo pagano, Jesús y los dioses antiguos, lo real y lo ficticio, en fin, cuestiones que se irán desenvolviendo con el misterio del hombre de mimbre.

Los personajes del pueblo parecen ciudadanos ordinarios y tranquilos, pero conforme nos adentramos en su mundo, descubrimos sus diversas prácticas y creencias. Resultan algo extrañas para un inglés de la década de los setenta. A través del protagonista, somos testigos de las actividades diarias que se llevan a cabo en la isla, y es nuestra decisión determinar si son extrañas o no. Eso me encantó del film, algunas personas podrían resultar ofendidas, otras podrían considerarlo normal o fantasioso, pero en general creo que refleja un amor a la naturaleza del hombre, aunque en las sociedades modernas la moral interrumpa este tipo de cuestiones (sobretodo en el aspecto sexual).

La música ayuda a crear ese ambiente pagano de convivencia donde todos bailan y festejan. Definitivamente es un elemento importantísimo en la película, pues de ella dependen muchas secuencias y escenas. Muchas de estas están hechas a través de cantos, melodías y canciones que muestran las diferentes “ofrendas” de la gente de la isla a los dioses o simplemente sirven para narrar alguna acción y acompañar hermosas escenas sobretodo de mujeres bellas y escenarios naturales. No podían faltar las gaitas y los juegos de cuerdas, ni el piano y el coro de niñitos cantando. Un soundtrack muy folclórico y tradicional.

Edward Woodward es el encargado de representar al extremadamente cristiano Sargento Howie. Debo decir que es uno de los papeles más creíbles que he visto en una película de serie B, Woodward se lleva la película siempre ejerciendo los buenos modales, propagando la palabra de Dios, informando todo a las autoridades, un personaje que siempre quiere mantener todo bajo control y no cree en alternativas. En contraste con el protagonista y sus actitudes conservadoras, están los habitantes de la isla. Destaquemos a Christopher Lee que vendría a ser como el Señor de la isla, el que guía a los demás y organiza todos los festejos a los dioses antiguos. Lee estaba tan entusiasmado por interpretar un papel diferente, que participó gratis en el film y ayudó arduamente a su distribución (aparte lo podemos ver con una peluca). Cabe mencionar a Ingrid Pitt, una vampiresa veterana de la Hammer (igual que Lee) que interpreta un pequeño papel. Las otras dos protagonistas son Diane Cilento y Britt Ekland nos maravillan con su belleza y sus interpretaciones tan libres y sin complicaciones. Definitivamente los actores dan un sentimiento natural a la película.

El culto de los isleños es una especie de tributo a la naturaleza, al señor del mar y al señor del sol que traen prosperidad a la isla. Es “amar y temer a la naturaleza” como dice Christopher Lee. Los isleños consideraron a Jesús como un dios muerto que no podía traer vida o esperanza. Así que buscaron otro tipo de dioses, los “antiguos”, los que traían buenas cosechas, prosperidad, etc. Les rinden homenajes por medio de cantos, pequeños sacrificios y teniendo mucho sexo para demostrar a los dioses que están en contacto con sus cuerpos y que aceptan su naturaleza (o al menos así lo interpreté) cada quien podrá pensar lo que quiera después de ver la cinta. Pero es algo muy bonito y me agrada que la película tenga un punto de vista liberal y natural en una sociedad que cada vez es más cerrada.

Puede resultar casi irónico que un policía sea el ciudadano ejemplar y conservador como el que se retrata en la película. Al mismo tiempo, Summerisle está completamente asilada del resto de la civilización, sin embargo, es una comunidad sustentable y educada. Eran las épocas de la reciente represión estudiantil, las protestas, el feminismo, los hippies, pero creo que el verdadero mensaje de la película recae en la tolerancia y la libertad de expresión o creencia salpicada con toques de misticismo y fantasía, creo que por eso resulta una película única, original e inolvidable. Aparte, para 1973 es un film demasiado adelantado en materia social y expresiva.

Sin más que decir les advierto que el final es el aspecto más escurridizo del film y parecería que hay una conspiración mundial por contarlo. Por favor, si planean ver la película NO busquen enterarse antes del final porque todos lo cuentan. Vean la película y disfruten el final, aún no me explico porque todo el mundo tiene esa urgencia por contarlo, ustedes sean la excepción y no lo hagan, por favor. También háganse el favor de evitar el remake del 2006 con Nicholas Cage. Ahora que han prometido no enterarse del final ni del remake, vean esta hermosa película llena de naturaleza donde se confrontan las creencias, sentimientos y percepciones de personas distintas, que al final son seres humanos les guste o no. The Wicker Man es un film inolvidable que todo el mundo debería ver, al menos para tener una perspectiva distinta, pues simplemente es otro punto de vista. ¡Ah! Se me olvidaba decirles que intenten conseguir la versión del director con el corte original y escenas añadidas.

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