Urban Legend


Escrito por: Nightmare Boy

Por la fuerza, un hombre aborda el automóvil al que acaba de entrar a una mujer. Él la amenaza y pregunta ¿pellizco o piquete? La mujer, esperando dar la respuesta que implique menos dolor, responde pellizco. El individuo saca unas pinzas y de golpe, le arranca uno de sus pezones. También puede suceder que alguna mujer en algún centro comercial de a los hombres la prueba de un perfume, el cual los duerme y para cuando despiertan, solos en la habitación de un hotel, les falta un riñón. Supuestamente será vendido en el mercado negro.

         La mayoría habrá escuchado estas historias; todavía hoy día se envían cadenas por Internet (los conocidos hoaxes) que advierten sobre este tipo de situaciones, pero nadie nunca otorga pruebas tangibles de tales situaciones, incluso los noticiarios que han llegado a reportar casos similares basan sus reportajes en especulaciones hechas por la misma gente, lo cual nos lleva al punto crucial ¿por qué la gente inventa tales cosas? Dejemos de lado la paranoia y miedo que abundan en los tiempos modernos gracias a la violencia, el rumor a existido siempre como forma de disfrazar miedos contemporáneos a los que no se les quiere hacer frente o bien, por morbosidad.

         Es ahí donde las leyendas urbanas cobran su fuerza, cuentos folclóricos transmitidos oralmente de persona a persona, que le han ocurrido al amigo de un amigo o al primo de un vecino, pero nunca a nadie cercano a nosotros. Existen en casi todos los lugares, hay muchas variaciones sobre leyendas específicas, cada cultura les adhiere sus propias figuras míticas para disfrazar preocupaciones latentes en sus comunidades.

         Ahora bien, es cierto que hay asesinatos, asaltos, violaciones, la prensa se encarga de hacérnoslo saber pero la diferencia de esos hechos con las leyendas es que estas últimas siempre presentan similitudes en el corpus, como si se tratase de algún serial televisivo, pero solo se sabe de eso gracias al rumor y no porque consten en algún documento oficial. Nada que decir cuando estás historias incluyen fantasmas, duendes, demonios u otras manifestaciones que ni Carlos Trejo, nuestro propio cazafantasmas mexicano, ha podido comprobar. Y aún así, son tan interesantes que el cine ha visto un nicho narrativo en ellas.

Leyenda_1

         Ya en 1992, Bernard Rose abordó la cuestión de las leyendas urbanas en su magnífica Candyman, adaptación del cuento de Clive Barker. En el filme, uno de los personajes, Trevor, profesor universitario, explica en una clase que las leyendas urbanas expresan el folclore de la modernidad y el entorno en que se desenvuelven todas las sociedades. Pero mientras este filme explota únicamente el mito del caramelero, en 1998 el debutante Jamie Blanks ofreció una visión más global sobre la variada gama de relatos en Urban Legend.

         Desde luego que el filme no intenta ser una reflexión sobre el proceso comunicativo y cultural de las leyendas, simplemente usar la anécdota para construir un relato sobre venganza personal que opera con todos los códigos que mueven a todos los slashers. De hecho, la película aprovecha el furor inaugurado en 1996 con Scream, celebre filme al que le siguieron I Still Know what you did last summer de Jim Gillespie y la presente, filmes rescatables luego de esa regeneración del género.

         Michelle (Natasha Gregson Wagner) maneja en la carretera durante una noche. En el fondo, hay un programa de radio que después es sustituido por Total eclipse of the heart, ese one hit wonder de Bonnie Tyler. La gasolina se termina. Michelle es forzada a detenerse en la gasolinera más cercana, en donde un hombre intenta disuadirla de no subir nuevamente a su auto. Ella huye asustada pensando que el hombre es peligroso pero él solo trataba de advertirle; la chica muere decapitada en manos de alguien que iba en el asiento trasero del vehículo.

         El asesinato de Michelle es punta de lanza del relato. La noticia llega a la Universidad de Pendleton en donde estudian Natalie (Alicia Witt), su mejor amiga Brenda (Rebecca Gayheart) y Paul (Jared Leto), aspirante a periodista, galán ojiazul y todo un sabiondo. Junto a estos tres protagonistas se dibujan una serie de estereotipos usuales en filmes como estos: Sasha (Tara Reid) la muchacha promiscua, Damon (Joshua Jackson) el pesado bromista, Parker (Michael Rosenbaum) otro castroso líder una fraternidad y para rematar, el director de la escuela Dean Adams (John Neville)  y el profesor Wexler (Robert Englund) quienes también están como carne de cañón.

Leyenda_2

         Es muy evidente el trazo, es decir, todos los personajes habrán de morir en manos de aquel maniático que al inicio del filme decapitó a Michelle. Pero he aquí la novedad: cada asesinato es una retorcida representación de las leyendas urbanas locales más famosas. Natalie, la heroína de esta historia, conecta los puntos una vez que atestigua el homicidio de Damon, colgado de un lazo encima de su auto. Cuando comprueba que tanto esta como la muerte de Michelle parecen leyendas (la del hombre que aborda el auto de una mujer y el novio ahorcado), empieza su frenética búsqueda de la verdad antes que todos sean leyenda. Esa es la pregunta, ¿quién hace esto y por qué?

         Todos los slasher están motivados por la venganza y en este caso no es la excepción. La razón por la que Natalie se obsesiona con la búsqueda del asesino es porque ella conocía a Michelle, juntas hicieron una travesura años atrás, travesura que le costó la vida a un hombre y ahora, de algún modo, ella siente que la culpa ha regresado para carcomerla. No esta mal, pero no es la culpa sino alguien que desde luego presenció o sabe del incidente y desea hacerle pagar (y de paso masacrar unos cuantos estudiantes).

         Como podemos ver, es una estructura simple pero con algunas vueltas de tuerca interesantes, porque el mayor acierto de Jamie Blanks es manejar adecuadamente el suspenso de modo que aquello que creímos predecible, de la vuelta y nos sorprenda. Así pues, nos sorprendemos con la identidad del asesino (que no revelaremos, desde luego). Otro de los aciertos es aprovechar ese ingrediente nuevo en las películas de terror vigente desde Scream: la introducción del saber popular, es decir, tanto personajes como espectadores deben estar pendientes de las expresiones más recientes de nuestra cultura pues en el caso del asesino en el filme, éste las utilizará a su favor, mientras que el espectador debe reconocer esos códigos insertados en el relato (cuentos populares, películas de terror, crímenes famosos). El dominio de todos esos temas es lo que podría salvarnos en una situación peligrosa.

         Así pues, el profesor Wexler manifiesta que las leyendas son una medida de los valores de la sociedad que las creó, folclor contemporáneo que contiene advertencias culturales. Aunque en la película, el asunto de los miedos sociales se olvida y es reemplazado por el motivo de la venganza, no deja de ser interesante el intento de hacer notar que tanto en la cultura estadounidense como en la nuestra existen paranoias que debemos ocultar o disfrazar de otra cosa.

Leyenda_3

         En su manufactura, el filme se beneficia del claroscuro y de la corrección de secuencias a través de la música que enfatiza su carácter de suspenso en demasía. Buenas secuencias gore como aquella en donde el asesino introduce un embudo en la boca de Parker para hacerlo beber cantidades excesivas de veneno, aquella donde Tash, la compañera de cuarto darkie de Natalie es acuchillada en su cuarto en lo que Natalie cree una relación sexual. Es triste que la muerte más cruenta, la de Sasha, sea la que obtenga elipsis (se editan los hachazos en su cuerpo). El ritmo es trepidante y la resolución del relato efectiva, al desviar constantemente las sospechas de un personaje a otro.

         Es bueno hacer notar que en una temporada de filmes de terror que estaban (y siguen estando) a la sombra del paradigma que resulto ser Scream, el filme de Jamie Blanks asome la cabeza con una propuesta entretenida. No podemos negar que hay cierta acumulación de clichés, pero son necesarios tratándose de una slasher, subgénero que luego de muchos años de existencia, ha comprobado tener esquemas de fácil identificación contra los que es difícil pelear. Incluso Scream no pudo y por ello optó por la parodia. Tuvo una secuela en 2001 titulada Urban Legends: Final Cut dirigida por John Ottman, bien hecha y divertida, pero sin el destello de originalidad de su predecesora.

Una respuesta to “Urban Legend”

  1. Se agradecen los cameos de Robert Englund y Brad Dourif. Pero ya sabes que para mi, el final de la secuela lo dijo todo🙂

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